La violencia escolar, resultado de la crisis en la familia.

Patricia Vera
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Publicado el 5, julio, 2010

Hace pocos días nos enterábamos de los alarmantes resultados de una encuesta que reveló que un 70 por ciento de los estudiantes del país ha sufrido algún tipo de agresión al interior de sus establecimientos, como también la han sufrido los Profesores.

Hace algunos años, todo el país quedó conmovido con la trágica noticia del suicidio de una joven iquiqueña, que decidió quitarse la vida, luego de vivir por largo tiempo el hostigamiento de una pandilla de compañeras, que hasta después de muerta no la dejaban en paz, enviándole mensajes a su correo electrónico, con burlas y hasta sentimientos de felicidad por la suerte que corrió la joven. Estos casos nos consternan y nos hacen meditar sobre el asunto. ¿Será que la educación formal adolece de la tan necesaria formación social de nuestros jóvenes? ¿O tal vez los propios padres han sido negligentes en la educación que entregan a sus hijos, enfatizando siempre en los derechos más que en los deberes? No existe respuesta cien por ciento cierta, lo único cierto es que el asunto se escapó de las manos, y todo lo que hagamos de aquí en adelante es tardío, solo nos resta ocuparnos de los más pequeños, de educarlos en la tolerancia y el dialogo.

Este análisis nace de la mirada de una docente, por ende, va enfocado hacia el proceso educativo. Si bien con la reforma educacional se trató de suplir aspectos materiales de cobertura e infraestructura para todos los sectores del país, no es menos cierto que hubo muy poco énfasis en formación valórica de los jóvenes. Las políticas están, los lineamientos también, de hecho cada establecimiento cuenta con un reglamento de convivencia escolar, que malo o bueno es una herramienta de gestión que debe utilizarse en bien de la convivencia de todos los actores de una comunidad educativa. Pero, ¿están nuestros profesores preparados para entregar una educación integral a los jóvenes de hoy, existe disposición para ello?

No podemos negar que existe un relajamiento en el cumplimiento de los programas de orientación en algunos establecimientos, al parecer la hora asignada a ese aspecto generalmente es utilizada en tareas como nombrar semaneros, cobrar las cuotas, poner el libro al día, dar un sermón a los estudiantes etc, y lo mismo sucede con las reuniones de padres que son muy informativas y poco formativas. Muy pocos profesores aplican el plan de estudios del sub sector orientación y muy pocos colegios cuentan con talleres JEC orientados al desarrollo de habilidades sociales.

El Ministerio de Educación debe poner mayor énfasis en fiscalizar el cumplimiento de las horas de orientación y exigir a los establecimientos un plan de formación personal más allá de los planes de estudio, que parta del Proyecto Educativo Institucional. También se debe fiscalizar que en cada escuela funcione el Consejo Escolar, pues es sabido que en algunos establecimientos locales jamás ha asistido el representante del sostenedor, ni mucho menos que este consejo se reúna alguna vez. Del mismo modo, los Objetivos Fundamentales Transversales no solo deben estar presentes en la planificación sino también en la ejecución de esta. Es una realidad local, que muchas escuelas en nuestra comuna no cuentan con un orientador a tiempo completo o con las horas mínimas para desarrollar un trabajo eficaz, transversal, organizado e intencionado en este plano, poder realizar un seguimiento en la formación de los y las jóvenes, que permita orientar el crecimiento personal y la búsqueda de la espiritualidad. También debiera ser obligatorio que todo profesor reciba un perfeccionamiento en orientación ya sea para retroalimentar lo que ya sabe como para aprender lo que no sabe, pero también deberían recibirlo aquellos profesionales que dirigen las escuelas, pues un Director que ejerce su cargo con agresividad solo inyectará agresividad en sus profesores y estos en sus alumnos y estos últimos en sus padres que se revelan contra el sistema escolar porque nunca soluciona nada.

Otra gran ausente en este proceso ha sido la formación religiosa a través de las clases de religión, que lejos de no interesar a los estudiantes está desvinculada de la realidad, considerando que el mensaje del Evangelio de Jesús es siempre pertinente en todo tiempo y lugar, es siempre sanador y ejemplificador. Un gran aliado debiera ser el Profesor de Religión en cada establecimiento, apoyando la formación de valores cristianos partiendo desde el testimonio de vida. Sin el ánimo de hacer juicios de valor sobre el particular, también se observa una gran debilidad en algunos profesionales que trabajan en este subsector, siendo relativamente simple conseguir una autorización por parte del obispado respectivo, con el tiempo, esta se ha vuelto una buena fuente de trabajo que no siempre lleva de la mano un real compromiso con la educación cristiana.

Hace unos días presencié como un estudiante se levantó de su asiento para golpear a un compañero que nada le había hecho, una especie de matonaje sin motivo alguno, acción que fue valorada por los demás que observaban la pelea, el agresor un día antes había apretado la mano de una compañera contra una mesa fracturándole un dedo, cuando se le reprendió acusó a los profesores de alaracos y señaló simplemente que nada fue intencional. El niño de 12 años vive con sus abuelos por que su madre trabaja y no lo puede tener con ella, nadie responde por sus actos y sigue el círculo vicioso, el reglamento de convivencia poco sirvió, pues las sanciones que se aplican para estos casos son poco formativas y principalmente punitivas. Las agresiones físicas y verbales persisten y el ambiente de inseguridad que se vive hace que muchos niños pidan a gritos cambiarse de colegio. Los padres por su parte enseñan a sus hijos a defenderse de quien sea y como sea, a veces también nos enfrentamos a padres agresivos…

Muchos pensaran que estos “elementos negativos” deben retirarse de las escuelas y ser derivados a otras instancias donde reciban atención especializada, pero la “bien ponderada subvención” obliga al sistema municipal a recibir a todo tipo de alumnos, sin discriminación, es lamentable con los años enterarse que algunos de “nuestros alumnos” se han visto envueltos en hechos delictuales de toda índole y la escuela se siente fracasada, pues no fue capaz de cambiar el rumbo de un ser humano. Parece que el sistema escolar como institución no está preparado para formar personas, todo esfuerzo se hace en pos del SIMCE de los resultados académicos, de la PSU, etc. Los mismos PME que se postulan escasamente apuntan al desarrollo de OFTs, generalmente son para fortalecer el subsector de Lenguaje, como si el lenguaje de los valores no fuera parte de la comunicación humana.

Este tipo de situaciones es recurrente en las escuelas locales y al parecer hemos perdido la capacidad de asombro, muchas otras situaciones ocurren al interior de los colegios mas graves aún, los Profesores tratan de hacer clases en medio de conductas que rayan en lo patológico, en ambientes poco sanos, mentalmente hablando, por eso tantas licencias médicas por estrés, depresión y por qué no decirlo una de las causales de la disminución de la matricula de nuestros establecimientos municipales donde la agresión escolar es el pan de cada día. Por otra parte el Ministerio debiera preocuparse de las competencias que deben tener los codocentes (inspectores)en esta materia y no solo dejar que sean la “piedra de tope” de toda función que no tiene dueño, reemplazos de profesores por licencias, cuidar la alimentación, incluso abrir la puerta, servir cafés, recibir insultos, hacer boletines, aplicar sanciones, dar consejos y estar disponible para lo que sea, la formación que reciben en los institutos, no parece ocuparse del tema valórico, el codocente mucho hace entregándose plenamente a su trabajo.

Todos estos temas, estoy segura, son preocupación de nuestras autoridades locales que con buenos propósitos crearon una Coordinación Técnico-Pedagógica Comunal que precisamente cuenta con una muy buena Orientadora, pero el trabajo debe ser más fuerte, más fiscalizado y más apoyado por esta instancia educativa hacia las escuelas, es mas, cada escuela debiese contar con un profesor orientador que articule las acciones en su establecimiento, esas horas de trabajo deben dar frutos y el sistema saldría ganando en convivencia escolar.

Por otra parte no debemos mirar para el lado cuando vemos conductas agresivas por parte de los mismos Directores hacia los profesores o viceversa y de estos hacia sus pares y a sus estudiantes, creando graves problemas de clima organizacional en las escuelas, que impiden el trabajo en equipo y el logro de metas institucionales, una conducta agresiva que sin caer en los golpes, se trata de una violencia sicológica que se genera y se recibe diariamente como en una simbiosis. Por lo visto tenemos un sistema enfermo desde sus bases, que requiere de una intervención urgente.

Patricia Soledad Vera

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